sábado, 22 de abril de 2017

Cosas que nunca cambian.


Por suerte o por desgracia, hay cosas que nunca cambian. No importa cuánto nos esforcemos en intentar cambiarlas. No importa que hayan perdido el sentido que tenían. No importa que sean cosas que antes quizás sí, pero que ahora ya no importan nada. Nada de eso importa. Porque lo cierto es que cuanto más queramos cambiarlas, más permanecerán tal y como están. Y lo más curioso es que en el fondo, y aunque nos cueste admitirlo, lo que en realidad queremos es que no cambien jamás.

Cosas de la vida. 

K.

domingo, 12 de febrero de 2017

Huidas.

A veces intentamos en vano huir de aquello que no hace más que perseguirnos. Y es que por mucho que nos empeñemos en conseguir lo contrario, hay personas, momentos, lugares... que parecen encadenados a nuestro destino. Quizás no están de la forma que más nos gustaría, pero ahí están. Ahí siguen. Cuando pensábamos que ya no formaban parte de nuestra vida, aparece algún tipo de señal o suceso para decirnos que todavía ese capítulo no está cerrado. Cuando más quisiéramos olvidar, más cosas aparecen en nuestra vida que nos hacen recordar. 

Un detalle.
Una canción.
Una palabra. 
Un encuentro inesperado. 
Una coincidencia.
Una historia.

Es otra prueba más de la existencia de ese destino que no me canso de mencionar. Destino caprichoso, destino traicionero. No siempre nos deja elegir. Nos arrebata cosas para luego devolverlas más adelante, o para dejarnos con la eterna duda de si algún día nos las devolverá. 

Pero bendita duda. 
Pero bendita espera.
Pero bendita vida.

K.


viernes, 3 de febrero de 2017

Ojalá.

               



Ojalá dejar ir un sueño fuera tan fácil como fabricarlo. 
Ojalá ser realista fuera tan fácil como vivir en la fantasía.
Ojalá olvidar fuera tan fácil como recordar.
Ojalá terminar fuera tan fácil como empezar.
Ojalá más inicios. Ojalá menos finales.
Ojalá.

K.



viernes, 6 de enero de 2017

El columpio

Encontré este fantástico corto español (merecido ganador de un Goya) de casualidad, como se encuentran casi todas las mejores cosas de la vida. Expresa con una facilidad pasmosa una situación tan real y tan habitual que es difícil que haya alguien que no se sienta identificado al verlo. Porque ¿a quién no le ha pasado? ¿Quién no ha vivido una historia de amor tan corta pero tan intensa que se queda grabada para siempre en su memoria? ¿Quién no ha tenido la sensación de conocer a su alma gemela sin casi haberle dirigido la palabra? ¿Quién no ha sentido la magia correr por cada uno de los poros de su cuerpo, sin necesidad de llevar a cabo el más mínimo contacto físico? 

Pues bien, todo eso y mucho más queda reflejado en El columpio (1992, Álvaro Fernández Armero), un sencillo pero emocionante homenaje a las más bellas y puras historias de amor, todas esas que están destinadas a desarrollarse únicamente en el mundo de los sueños.


Con lo fácil que sería dejar las cosas claras. "Hola, te he estado observando y creo que tienes una sonrisa maravillosa y un cuerpo estupendo. Me encantaría pasar esta noche contigo, y si todo sale bien no tendría inconveniente en amarte el resto de mi vida". Eso es lo fácil. Pero no, siempre ocurre lo contrario...

K.

miércoles, 28 de diciembre de 2016

¿Y si...?


'¿Y si...?' ¿No te parece una pregunta molesta? ¿No te parece una pregunta que no debería existir? Es quizás uno de los peores interrogantes que el ser humano es capaz de hacerse a sí mismo. Expresa duda, incertidumbre, (im)posibilidad y temor. Expresa todo aquello que pudo haber sido pero no fue. O todo aquello que podría ser pero no nos atrevemos a que sea. 

¿Y si no me quiere?
¿Y si me arriesgo?
¿Y si me equivoco?
¿Y si pierdo?
¿Y si gano?
¿Y si es mentira?
¿Y si hago el ridículo?
¿Y si le hubiera dicho lo que pensaba?
¿Y si se enfada?
¿Y si no vale la pena?
¿Y si hubiera ido?
¿Y si hubiera venido?

Y así podríamos seguir hasta infinito. Porque por lo general, el ser humano es un ser cobarde. Nos da miedo cambiar nuestra situación de estabilidad, aunque quizás esta no sea la que más nos guste. Por eso nos llenamos la cabeza con imaginaciones que podrían haber sido historias magníficas, pero que en cambio se quedaron solo en esos patéticos y ridículos '¿y si...?'. 

Sin embargo, todo puede cambiar si nos lo proponemos. No hay que seguir esperando, ni tampoco debemos desesperar. Mientras estemos vivos nunca es tarde para convertir todos esos '¿y si..?' en apasionantes y definitivos síes o noes. 

Sí, me quiere.
No, me equivoqué.
No, fallé.
Sí, gané. 
Sí, al final fui aunque no me divertí.
No, no vino porque no quiso. 
Sí, se enfadó, ya se le pasará. 
Sí, al final valió la pena.

Con los aciertos se adquiere confianza y con los errores se aprende. Con los fracasos se pasa página y se construyen nuevos triunfos, pero con las dudas no se obtiene absolutamente nada. Así que aunque nos equivoquemos, siempre será mejor arriesgar y fallar que vivir con la duda para siempre... porque no hay peor sensación que vivir con la incertidumbre del ¿y si...? grabada eternamente en nuestro corazón. 

K.