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sábado, 7 de mayo de 2022

La magia de Los Bridgerton



Algo ha cambiado en los tiempos que corren. Nos ha tocado vivir una pandemia que sin quererlo nos ha alejado un poquito más. El contacto, el tacto, la cercanía… todo eso se convirtió en prohibitivo, en peligroso, en deporte de riesgo. Parece que ahora estamos saliendo poco a poco de ese pozo, pero queda largo camino por recorrer, queda mucho todavía para regresar a la normalidad. Sin embargo, lo que sí ha quedado claro con todo esto, es que una de las cosas que más necesitamos en este mundo es el amor. Lo único positivo que se puede concluir de esta situación, es que el amor, en cualquiera de sus formas, es todo cuanto deseamos como seres humanos. La falta del mismo durante esta pandemia debido a causas de fuerza mayor no ha hecho más que hacer evidente su importancia. Hemos sido miserables, no solo por la desgracia de vivir con una nueva enfermedad, sino también por no poder disponer de todo el cariño de los demás, de todo el amor que como personas necesitamos para sobrevivir. Y aun así, a pesar de la evidencia de esta realidad, todavía son muchos los que siguen queriendo negar que el amor es uno de los pilares de nuestra existencia. Todavía hay muchos que se creen inmunes al mismo, que no lo creen necesario para vivir. Se autoengañan y pretenden engañarnos a los demás.

Sin embargo, entre tanta desilusión y tendencia al desapego, a veces surgen movimientos que reivindican la importancia del amor. Uno de esos movimientos, del que vengo a hablar hoy, es el de la serie de Los Bridgerton. Una serie que por cierto, ha batido todos los récords, convirtiéndose en la serie más vista de habla inglesa de la historia de la plataforma Netflix.

Los Bridgerton desprende una energía especial. A priori podríamos pensar que es una serie más de temática romántica, una temática que podría parecer muy vista, pues al fin y al cabo son muchas las novelas de este género ambientadas en la Inglaterra del siglo XIX, que tratan dramas de damas seducidas por galantes caballeros ingleses, debatiéndose entre el deseo y el decoro. Pero Los Bridgerton va más allá. Tiene una esencia, una magia, que hace imposible despegarnos de la pantalla. Cada escena está perfectamente estudiada para ser perfecta, desde los vestuarios de ensueño hasta la música celestial, pasando por una fotografía impecable y un casting que no podría estar mejor escogido, en mi opinión uno de los mejores que he visto en mucho tiempo. Con esa calidad de actuaciones, resulta imposible no sumergirnos en todas esas historias de dramas y amores imposibles que traen por el camino de la amargura (y eventualmente de la felicidad) a sus protagonistas. Historias que nos hacen soñar, que nos hacen reflexionar, que nos llegan al alma. Porque aunque el trasfondo sea grandilocuente, la realidad es que quizás uno de los motivos de que esta serie guste tanto es porque los sentimientos que nos transmiten sus personajes se sienten tan reales que podríamos ser nosotros mismos los que los estuviéramos viviendo. Cada detalle está cuidado con tanto mimo, que consiguen que las emociones traspasen la pantalla y nos lleguen al corazón. En conjunto todo resulta precioso, apasionante, desgarrador. Por eso queremos más y más, por eso no podemos dejar de ver una y otra vez todas y cada una de esas mágicas escenas de amor. Las sentimos como nuestras, nos vemos inevitablemente identificados en un punto u otro del camino. Porque no todo es amor y cosas bonitas, finales felices sin complicación. No resulta tan simple como eso. Los personajes viven una evolución impresionante desde el primer al último capítulo, pasando por todas las etapas por las que puede pasar una persona a lo largo de una historia de amor. No todo siempre es color de rosa, y todo ese viaje de matices entre amor y desamor se transmite muy bien en cada capítulo, en cada escena, en cada baile, en cada mirada. El júbilo por verte correspondido por tu amor, el sufrimiento por un amor imposible, la decepción al verte traicionado por alguien a quien amas… ¿a quién no le ha pasado alguna vez? ¿Quién no ha estado en alguna (o en todas) de esas fases? Es por eso que Los Bridgerton resulta tan agradable de ver: porque son historias de la vida real. Son historias que en cierto modo, todos hemos vivido. Y verlas en la pantalla reflejadas tan nítidamente no deja de resultar conmovedor.


En cualquier caso, la conclusión es que en un mundo desprovisto de esperanza, series como esta nos hacen volver a creer en el amor. Volver a creer que todo es posible, que el amor todo lo puede. Y cada vez estoy más convencida de que no es algo que se queda solo en el terreno de la ficción, porque de otro modo series como esta no tendrían el éxito que tienen. El triunfo de este tipo de producciones no hace más que reafirmar mi teoría de que en el fondo, aunque algunos no quieran admitirlo, todos necesitamos amor. Todos necesitamos amar y ser amados.

K.

sábado, 3 de octubre de 2020

Sentimientos de usar y tirar.

Vivimos en un tiempo en el que pareciera que hay que pedir perdón por tener sentimientos. Como si estuviera mal querer demasiado o cogerle cariño a alguien muy pronto. Como si estuviera prohibido dejar volar al corazón a las primeras de cambio. La gente que comete ese "error" es tachada de rarita, de romántica, de tonta. Y lo siento pero no, no me creo que sea algo tan fuera de lo común, eso de que conozcas a alguien que te mueva las entrañas, que te revuelva todo en tu interior. Eso de que conectes tanto con una persona que desde entonces no hagas más que pensar en volver a estar a su lado. Nos ha pasado (o nos va a pasar) a todos. Y lo sabes desde que inicias la primera conversación con esa persona. Lo sabes desde la primera mirada. No es locura, es certeza. Lo sientes y ya está. A veces no necesitas más que unas horas para saber que sientes algo especial.  No tiene nada de malo. Somos seres humanos, seres racionales, seres capaces de sentir emociones. El problema es que por desgracia vivimos en un mundo superficial, autómata e impersonal. No está de moda ser un sentimental. Lo que se lleva ahora es todo lo contrario. Se llevan los sentimientos de usar y tirar, se lleva hacernos los duros, como si no nos importara nada ni nadie. 

Sin embargo, creo que ocultar lo que sentimos al final es más una manera de sobrevivir, un escudo. No es lo que nos gustaría hacer realmente, pero es lo que nos vemos obligados a hacer para no salir heridos. Porque sabemos que lo más probable es que si decimos lo que sentimos demasiado pronto, no se nos tome en serio, se rían de nosotros. Lo más probable es que nos explote en la cara. Entonces es más fácil hacer así: disimular, esconder, aparentar. Y es una verdadera lástima, porque ¿cuántas historias de amor se pierden a diario por temor a quedar mal, a hacer el ridículo? ¿Cuántas palabras bonitas se quedan en el tintero? ¿Cuántos sueños se quedan solo en eso? 

Ojalá fuera más fácil. Ojalá querer no nos provocara tantos problemas. Ojalá sentir de más no implicara vivir de menos.

K.



jueves, 17 de octubre de 2019

Marea


Pocas veces es posible llegar a sentirse así. Cuando ocurre lo sabes, porque entonces entiendes que nada de lo que has sentido hasta ahora se parece a esta nueva sensación abrumadora. Nada se parece a esto. Es como si todo lo vivido anteriormente no tuviera sentido. Como si una luz cegadora iluminara toda tu oscuridad de repente, sin avisar. Como si apareciera un nuevo amanecer en tu interior, como si una marea arrasadora te invadiera de los pies a la cabeza, dejándote sin posibilidad de escapar. Pero en el fondo tampoco quieres escapar, porque lo que de verdad te encantaría es quedarte a vivir en esas aguas turbulentas toda la vida. Te das cuenta de que poder sentirte así es uno de los motivos por los que merece la pena haber venido a este mundo.

Sin embargo, el problema de vivir emociones de este calibre es su temporalidad, pues cuando aparecen sabes que la peor parte será cuando lleguen a su fin, cuando se marchen y no te quede nada más que su recuerdo. Un recuerdo que te embarga de sentimientos contradictorios cada vez que vuelve, trayendo paz y tempestad a partes iguales. Paz porque traerlo de vuelta a tu memoria te transporta de nuevo a ese mundo mágico. Tempestad porque el hecho de que ya solo sea un recuerdo te lleva por el camino de los infiernos, pues no es lo mismo evocar un sentimiento que vivirlo en carne propia. Así que lo único que tienes claro de toda esta tormenta, es que quieres volverla a vivir.

Es ahí cuando empieza el viaje de tu vida: el viaje para volver a encontrar esa luz. El viaje para intentar encontrar otra vez esa chispa celestial. Un viaje que empiezas sin saber cuándo llega al final, pero con la certeza de conocer cuál es el objetivo: volver a sentirte así. Porque aunque el sentimiento ya no exista, aunque se haya ido sin saber si volverá, por lo menos te ha dejado algo muy importante: la posibilidad de saber cómo se siente tocar el cielo con la punta de los dedos. La suerte de saber cuál es el máximo nivel de felicidad que puede llegar a sentir tu corazón. Y saber que de ahora en adelante, ya no te podrás conformar con menos.
                                                                             K.

sábado, 2 de marzo de 2019

Sobre la inspiración perdida

En estos días comentaba con unos amigos que en mis ratos libres, yo antes solía escribir poesías. Y textos. En resumidas cuentas, les confesé que me gustaba escribir. Y se lo contaba con nostalgia, hablando en pasado, pues realmente en la actualidad ya casi no encuentro tiempo para ello. Ni tiempo ni inspiración. Y ellos me dijeron: "pues busca la inspiración". Y a mí me entraba la risa, porque eso de la inspiración no es algo que se encuentra tan fácilmente, como cuando te pones a buscar las llaves o el abrigo antes de salir de casa. La inspiración surge sin esperarla, como surgen casi todas las mejores cosas de la vida. Y por desgracia, la inspiración también se puede perder de la misma forma que la encuentras: cuando menos te lo esperas.

Creo que yo la perdí hace ya algún tiempo, pero esa es otra historia. Supongo que ahora solo toca esperar a que regrese esa magia que me devuelva un buen motivo para escribir otra vez. Decían por ahí que son tiempos difíciles para los soñadores, y qué gran verdad. En un mundo cada vez más deshumanizado, resulta complicado hacerse un hueco cuando eres alguien de emociones a flor de piel. Pareciera que expresar sentimientos abiertamente es algo pasado de moda, anticuado, casi extinto. Quizás esa desidia generalizada que impregna casi todo hoy en día me ha contagiado a mí también. Aunque pensándolo bien, el solo hecho de estar aquí, echando de menos mis ganas de escribir de antaño, signifique que no todo está perdido. Se trata de rachas, de idas y venidas, de vaivenes, de comienzos y finales. Pero mientras se siga manteniendo la ilusión de reencontrarnos de nuevo con un rayo de luz, hay esperanza. Y mientras haya esperanza... entonces ya está ganada la mitad del camino.
K

domingo, 17 de junio de 2018

Cenizas

Lo que un día fue fuego hoy son cenizas. Cenizas con aroma a recuerdos candentes, de esos que queman cuando se asoman por el ventanal de nuestra memoria. Vuelven, arden y luego se van, porque a fin de cuentas son solo recuerdos y nada más. Lo que representan ya no existe ni existirá, al menos no de la misma forma que antes. 

No soplará el viento igual que aquella brisa fresca de verano en pleno otoño. 
No habrá luz tan brillante como aquel resplandor en medio de la oscuridad. 
No habrá aroma más agradable que aquel que  conociste en aquella tarde. 
Pero no importa. Porque también se pueden construir cosas maravillosas desde las cenizas. También se puede convertir recuerdos en moralejas, y convertir las moralejas en nuevos sueños. Y es que al final la vida es eso: soñar, vivir, recordar, olvidar y vuelta a empezar. Ciclos.

K.

jueves, 17 de mayo de 2018

Quizás

A veces sientes que algo quema en tu interior, pero por mucho que lo intentas no sabrías describir exactamente qué es.  
Quizás sea aquella mirada que se clavó en tu interior para luego desvanecerse entre la brisa, como se desvanece casi todo lo que te hace suspirar. 
Quizás sea el recuerdo de aquel momento de felicidad que fue efímero y que prometió al terminarse que nunca se volvería a repetir. 
Quizás sean todas esas palabras que quisiste decir pero que en cambio preferiste callar. Por miedo. Por vergüenza. Por temor a que no expresaran lo que querías decir. Por no saber cómo decirlas sin herirles, sin herirte.
Quizás ese fuego proviene de las dudas, de los miedos, de los sueños que tienes a medio cumplir, de los fracasos que pesan a tus espaldas, de lo que está por venir pero que no termina de llegar. Proviene de todo y a la vez también de nada.

Pero puede ser que ese fuego que quema en realidad se origine en todos esos 'quizás'... y que tal vez la única forma de extinguir la llama sea eliminando la palabra 'quizás' de nuestro vocabulario. Basta de teorizar, de pensar en posibilidades o en cosas que pudieron ser o podrían ser de otra forma. Es tiempo de vivir sin mirar atrás y sin pensar demasiado en lo que vendrá después. Dejemos los quizás para épocas pasadas. Dejemos que no invadan nuestro presente para que así no interfieran en nuestro futuro. Vivamos sin más. Y entonces quizás... espera, eso no. Y entonces todo irá bien.

K.

domingo, 29 de abril de 2018

Dejarse llevar


Y de repente el cielo te resulta más azul y el sol brilla con más intensidad. Las nubes se deslizan con más ligereza y la brisa de primavera te parece magia. De repente no sirve cualquier canción, ni cualquier poema es suficiente para saciar estas ganas de soñar. Porque algo parece haber cambiado, aunque no recuerdes ya ni cómo ni cuándo sucedió. Solo sabes que ahora hay algo diferente, algo especial. Y te da miedo, porque así como no sabes de dónde salió tampoco sabes cómo terminará, ni si terminará como tú quieres. Pero te dejas llevar, porque al fin y al cabo en eso consiste vivir. En acierto y error, en cara y cruz, en cal y arena. Dejémonos llevar, que ya pensaremos en lo que haremos después. Disfrutemos el momento. Ya pensaremos qué hacemos si fracasamos. Ya pensaremos qué hacemos si triunfamos. Hasta entonces... soñemos un poco, que me han dicho que es gratis.
K.

miércoles, 15 de noviembre de 2017

Pasar página


A veces, cuando intentas pasar página, la página se te queda pegada al dedo y se arruga. Inesperado e indeseado contratiempo. Entonces pueden pasar dos cosas: que te pares un momento en ella otra vez para intentar alisarla, o que la termines de romper del todo. Lo que pase dependerá de qué tan intensas sean las ganas que tienes de seguir adelante. Dependerá de si las ganas de leer otra página son más fuertes que las que tienes de releer la anterior.  Porque quizás la anterior no la has leído lo suficientemente bien. O te has saltado partes fundamentales sin darte cuenta. Quieres ir rápido, pero sabes que en realidad deberías leer más despacio, buscando posibles detalles que se te habían escapado. Aunque tienes ganas de seguir leyendo, en el fondo sabes que tu lectura previa está incompleta. Y no hay nada peor que dejar cosas incompletas, colgando en el cielo de tus recuerdos. Quizás por eso al pasar la página algo se quiebra. Pareciera que es el libro el que te manda la señal, al dejar la página pegada a tu dedo, pero quizás eres tú el que lo hace inconscientemente. Porque quizás aún no es el momento. Porque sabes que falta algo por resolver. Y porque a veces para avanzar hacia el futuro, hace falta entender por completo nuestro pasado. 

K

miércoles, 20 de septiembre de 2017

Errores


Cuando te equivocas, la mayoría de las veces no te das cuenta. La mayoría de las veces actúas por impulso, siguiendo los dictados de tu corazón. Crees que tu corazón tendrá la razón, que será imposible equivocarte si le haces caso a él. El problema es que en realidad el corazón no suele entender de razones, y no siempre el camino que nos hace escoger es el más adecuado. El problema también es que esto lo solemos entender mucho tiempo después.

Entonces llega un día en el que despiertas y lo ves claro. Sí, has cometido un error. Lo has hecho mal. Fatal. De repente tu yo del presente no entiende en qué demonios estaba pensando tu yo del pasado. Lo que en su día tenía toda la lógica del mundo, de repente ya no tiene ningún sentido. Y es ahí cuando vienen las consecuencias emocionales: tristeza, rabia, arrepentimiento... y quién sabe cuántos sentimientos más. Destaca entre todos la impotencia por no poder arreglarlo, y es que por desgracia, los errores más importantes no suelen tener marcha atrás. Maldita vida irreversible. Maldito tiempo que no puede volver atrás. Malditas oportunidades desperdiciadas.

A pesar de todo, no debemos olvidar que al final todo ocurre por una razón. Quizás los errores de hoy son los aciertos de mañana. Quizás los caminos que hoy parecen errados al final nos llevan a un destino correcto que todavía no conocemos. Y en cualquier caso, una cosa es segura: si sabemos reconocer los fallos que hemos cometido, será muy difícil que volvamos a cometerlos. De cada error siempre queda una lección. Así que aunque nos duelan, no debemos olvidar que en el fondo son nuestros propios errores los únicos capaces de hacernos crecer. 

K.




martes, 5 de septiembre de 2017

Siluetas

Siluetas que van y vienen, que fueron reales un día pero que hoy ya no existen. 
Recuerdos que fluyen, imágenes que aparecen para luego desvanecerse y no regresar jamás. 
Ecos que se escuchan a lo lejos, ecos de lo que fue, pero también de lo que quiso pero no pudo ser. 
Miradas fugaces, de esas que no duran ni un segundo, pero que perduran en la memoria para siempre. 
Sueños perdidos en el tiempo, en el espacio, creados aun sabiendo su dueño que su destino sería el olvido.
Personas que se van para no volver, personas que se quedan para no marcharse nunca más.
Y vida que continúa, a pesar de lo vivido, a pesar de lo perdido... o quizás a partir de ello. 


K.

sábado, 22 de abril de 2017

Cosas que nunca cambian.


Por suerte o por desgracia, hay cosas que nunca cambian. No importa cuánto nos esforcemos en intentar cambiarlas. No importa que hayan perdido el sentido que tenían. No importa que sean cosas que antes quizás sí, pero que ahora ya no importan nada. Nada de eso importa. Porque lo cierto es que cuanto más queramos cambiarlas, más permanecerán tal y como están. Y lo más curioso es que en el fondo, y aunque nos cueste admitirlo, lo que en realidad queremos es que no cambien jamás.

Cosas de la vida. 

K.

domingo, 12 de febrero de 2017

Huidas.

A veces intentamos en vano huir de aquello que no hace más que perseguirnos. Y es que por mucho que nos empeñemos en conseguir lo contrario, hay personas, momentos, lugares... que parecen encadenados a nuestro destino. Quizás no están de la forma que más nos gustaría, pero ahí están. Ahí siguen. Cuando pensábamos que ya no formaban parte de nuestra vida, aparece algún tipo de señal o suceso para decirnos que todavía ese capítulo no está cerrado. Cuando más quisiéramos olvidar, más cosas aparecen en nuestra vida que nos hacen recordar. 

Un detalle.
Una canción.
Una palabra. 
Un encuentro inesperado. 
Una coincidencia.
Una historia.

Es otra prueba más de la existencia de ese destino que no me canso de mencionar. Destino caprichoso, destino traicionero. No siempre nos deja elegir. Nos arrebata cosas para luego devolverlas más adelante, o para dejarnos con la eterna duda de si algún día nos las devolverá. 

Pero bendita duda. 
Pero bendita espera.
Pero bendita vida.

K.


viernes, 3 de febrero de 2017

Ojalá.

               



Ojalá dejar ir un sueño fuera tan fácil como fabricarlo. 
Ojalá ser realista fuera tan fácil como vivir en la fantasía.
Ojalá olvidar fuera tan fácil como recordar.
Ojalá terminar fuera tan fácil como empezar.
Ojalá más inicios. Ojalá menos finales.
Ojalá.

K.



miércoles, 28 de diciembre de 2016

¿Y si...?


'¿Y si...?' ¿No te parece una pregunta molesta? ¿No te parece una pregunta que no debería existir? Es quizás uno de los peores interrogantes que el ser humano es capaz de hacerse a sí mismo. Expresa duda, incertidumbre, (im)posibilidad y temor. Expresa todo aquello que pudo haber sido pero no fue. O todo aquello que podría ser pero no nos atrevemos a que sea. 

¿Y si no me quiere?
¿Y si me arriesgo?
¿Y si me equivoco?
¿Y si pierdo?
¿Y si gano?
¿Y si es mentira?
¿Y si hago el ridículo?
¿Y si le hubiera dicho lo que pensaba?
¿Y si se enfada?
¿Y si no vale la pena?
¿Y si hubiera ido?
¿Y si hubiera venido?

Y así podríamos seguir hasta infinito. Porque por lo general, el ser humano es un ser cobarde. Nos da miedo cambiar nuestra situación de estabilidad, aunque quizás esta no sea la que más nos guste. Por eso nos llenamos la cabeza con imaginaciones que podrían haber sido historias magníficas, pero que en cambio se quedaron solo en esos patéticos y ridículos '¿y si...?'. 

Sin embargo, todo puede cambiar si nos lo proponemos. No hay que seguir esperando, ni tampoco debemos desesperar. Mientras estemos vivos nunca es tarde para convertir todos esos '¿y si..?' en apasionantes y definitivos síes o noes. 

Sí, me quiere.
No, me equivoqué.
No, fallé.
Sí, gané. 
Sí, al final fui aunque no me divertí.
No, no vino porque no quiso. 
Sí, se enfadó, ya se le pasará. 
Sí, al final valió la pena.

Con los aciertos se adquiere confianza y con los errores se aprende. Con los fracasos se pasa página y se construyen nuevos triunfos, pero con las dudas no se obtiene absolutamente nada. Así que aunque nos equivoquemos, siempre será mejor arriesgar y fallar que vivir con la duda para siempre... porque no hay peor sensación que vivir con la incertidumbre del ¿y si...? grabada eternamente en nuestro corazón. 

K.

viernes, 9 de diciembre de 2016

Destino.


El destino existe. Si bien es cierto que también existen muchísimas cosas que dependen de nosotros mismos, no podemos negar que hay muchas otras que se escapan de nuestro control. No las elegimos. Quizás sí podemos cambiar la actitud con la que las recibimos, pero muchas veces no las podemos evitar. La vida es una mezcla entre las decisiones que tomamos y los acontecimientos ajenos a nuestro ser que nos van ocurriendo. La clave está en intentar crear la mejor realidad a partir de lo que nos va dando el destino.

Por eso no podemos frustrarnos si las cosas no salen como deberían, porque no siempre depende de nosotros. Mientras tengamos la certeza de que hemos hecho todo lo posible para intentar que todo fluyera de la mejor forma, lo demás no debe preocuparnos. Mientras sepamos que pusimos todo de nuestra parte, nuestra conciencia debe quedar tranquila. El resto es solo cosa del azar, o del destino, o de la casualidad, o de la suerte... como ustedes prefieran llamarlo. A partir de ahí, lo que tenga que ser, será. Y lo que no tenga que ser, nunca será. Por mucho que nos empeñemos en lo contrario. 


K.

jueves, 10 de noviembre de 2016

Caminos.


A veces vamos por la vida siguiendo un rumbo equivocado. Pasamos nuestro tiempo así, pensando que ese camino es el correcto, gastando y gastando horas en llegar a un destino que aunque es incierto, se nos antoja adecuado.  Hasta que de repente algo ocurre. Una palabra, o un silencio. Una visión, o un recuerdo olvidado. Un acontecimiento, o quizás un no-acontecimiento. Cualquier detalle. No se sabe bien cómo ni por qué, pero de repente llega un día en el que despertamos. Y nos damos cuenta de que no. De que estábamos totalmente equivocados, y de que el único error ahora sería no abandonar ese camino por el que tantas veces hemos transitado. 

Llegados a este punto, lo que más duele es pensar en todo ese tiempo que hemos desperdiciado, arrojándolo por un precipicio del que no volverá jamás. Pero no importa, porque mejor tarde que nunca y porque nunca es tarde para volver a empezar. Lo importante a partir de ahora es no derramar más horas por la borda. Encontrar nuevos senderos, más luminosos y más definidos. Y aprender que si queremos quemar un poco de nuestro tiempo, que al menos sea en algo que sepamos a ciencia cierta que valdrá la pena.
K.

sábado, 22 de octubre de 2016

Felicidad


En realidad la felicidad es muy sencilla. Nos empeñamos en pensar que la felicidad solo reside en acontecimientos maravillosos, en viajes extravagantes a destinos impronunciables o en experiencias que quitan el aliento. Pero es mucho más fácil que eso. La felicidad son detalles.

Felicidad es ver una película desde tu sofá en un frío y lluvioso día de otoño.
Felicidad es salir a tomar algo al bar de la esquina con un amigo de toda la vida. 
Felicidad es reunirte para cenar con tu familia. 
Felicidad es escuchar una canción de tu grupo favorito. 
Felicidad es levantarte tarde un domingo por la mañana. 
Felicidad es recibir un gesto de amabilidad de alguien que apenas conoces. 
Felicidad es una sonrisa a destiempo, una palabra de ánimo o una mirada de complicidad.
Felicidad es reír por nada o llorar de emoción.
Felicidad puedes ser tú y también puedo ser yo.

Al final la felicidad pueden ser todas las cosas que tú quieras. No la busques muy lejos, porque existirá siempre que tú la quieras encontrar... y muchas veces solo la podrás encontrar dentro de ti.

K


sábado, 17 de septiembre de 2016

Dejar ir... o no.



Todos sabemos lo importante que es saber pasar página. Seguir adelante. Dejar ir. Numerosas canciones y numerosos versos han sido escritos dándole vueltas a este tema. Y es que cuando algo termina, de poco sirve intentar buscar el siguiente capítulo. Cuando algo no tiene sentido, menos sentido tiene seguir dándole importancia. El problema es que no siempre sabemos o no siempre queremos identificar el final. El final de los sueños. De las historias. De las relaciones. De las etapas. Pero quizás es más común aún el hecho de que aunque sí sepamos o sí queramos, lo que no sabemos o no queremos es vivir con la posterior ausencia. Y es por eso que nos aferramos. Nos aferramos con todas nuestras fuerzas, porque preferimos vivir con una falsa ilusión que asumir definitivamente que ya no hay nada que hacer. 

Sin embargo, también conviene considerar esta idea de otro modo. "Ya no hay nada que hacer" o "está perdido" son frases demoledoras. Y el ser humano, por lo general, necesita pensar en positivo, necesita alimentar su alma con esperanza. Es casi un mecanismo de supervivencia. Vivimos en un mundo ya de por sí deshumanizado, así que si encima matamos las pocas ilusiones que tenemos, ¿qué nos queda? Además, hay que tener en cuenta que las cosas no siempre quedan tan claras. Los límites entre un 'adiós' o un 'hasta luego' no suelen quedar bien delimitados. La diferencia entre un 'nunca' y un 'quizás' tampoco es concluyente. Y es en esa preciosa incertidumbre donde reside la ya mencionada esperanza, esa inevitable compañera de vida que para bien o para mal, al final nunca nos abandona. 

Por eso hace falta un equilibrio. Ni dar todo por perdido a la primera, ni aferrarte con desesperación a causas perdidas. Lo importante es saber qué es lo mejor para nosotros mismos. La gente puede dar mil consejos, pero el mejor consejero que existe sin duda alguna es nuestra propia intuición. Decían en la mítica película Rocky Balboa (2006) que nada termina hasta que tú sientes que termina. Y así es. Aunque no siempre sepamos con exactitud en qué momento algo llega a su final, lo que sí podemos saber es cómo nos sentimos al respecto. Si tienes un sueño por el que lo has dado todo sin obtener resultados, por el que has sufrido en innumerables ocasiones, quizás seguir intentándolo solo te causará más dolor. No vale la pena. Pero si sueñas y en el camino te sirves de tus ilusiones para hacerte más fuerte, quizás no tengas por qué dejar ir ese sentimiento. Si sueñas y te enriquece, ¿por qué dejarlo ir? Quizás se cumpla, quizás no, pero soñar también puede servir para seguir adelante. Mañana podemos caer mil veces, nos pueden arrebatar mil cosas... pero el buen rato que hemos pasado hoy soñando no tiene precio. Porque efectivamente, soñar es gratis. Y que nos quiten lo soñado.

K.

lunes, 9 de mayo de 2016

Señales

A menudo nos gusta pensar que existen las denominadas señales del destino. Cuando no sabemos qué debemos hacer, qué debemos esperar o qué decisión tomar, desearíamos que apareciera una providencial señal mágica en nuestra vida para aportarnos la respuesta. En este absurdo anhelo depositamos todas nuestras esperanzas, y nos creemos que cuando aparezca la señal correcta todas nuestras dudas desaparecerán. Pero no hay nada más lejos de la realidad. No hay cuento de hadas más ridículo que este.

Lo que realmente ocurre en esos casos, es que ya sabemos de sobra cuál es el camino que debemos tomar, pero algo en nuestro interior nos dice que no es el mejor. Quizás es el que deberíamos escoger, pero no es el que nos gustaría. Y como no nos gusta, nos agarramos a cualquier atisbo de luz que nos diga que en realidad lo que deberíamos hacer no es lo que el destino quiere que hagamos. Sin embargo, en el fondo sabemos que estamos perdiendo el tiempo. Porque ya sabemos exactamente qué es lo que tenemos que hacer, pero nos da miedo afrontarlo. Nos da miedo enfrentarnos a algo desconocido y equivocarnos. Nos da miedo que lo que debemos no coincida con lo que queremos hacer. Tememos que la razón gane al corazón, pero sabemos de sobra que el corazón tiene todas las de perder. Y la cruda realidad es que sabemos que tal señal solo llegará cuando nosotros estemos preparados para asumir lo que de verdad necesitamos en nuestra vida. 

Así que no hacen falta señales milagrosas del destino para alcanzar nuestras metas. Lo que hace falta es valor para fabricar nuestro propio destino.
                                                                                                                                                               
K.


viernes, 8 de abril de 2016

El cariño y su expresión.

Todo el mundo necesita cariño. El problema es que ni todo el mundo admite esta realidad, ni todo el mundo sabe expresar cariño aunque lo sienta. Puedes apreciar mucho a alguien, pero si esa persona no lo percibe de nada sirve. Se pierden así muchas emociones que no saben salir a la luz. Se evaporan aunque son reales. Y mientras nos perdemos dentro de nosotros mismos pensando en qué fallamos, nos alejamos cada vez un poco más los unos de los otros. Todo por culpa de ese miedo irrefrenable que tienen algunos de admitir que quieren a alguien, que son vulnerables, que necesitan de los demás. Se crean entonces ciclos eternos de soledades provocados por corazones cobardes. Corazones ya no solo con miedo de amar, sino con miedo de admitir que aman.

Por eso a ti, querido lector, te diría que si encuentras a alguien que te aprecia y además te lo demuestra, nunca lo dejes marchar. Se trata de una joya difícil de encontrar.

K.